Sobre la Cartilla Moral adoptada por AMLO Por. Aida María Holguín Baeza.

Sobre la Cartilla Moral adoptada por AMLO Por. Aida María Holguín Baeza.

El domingo pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador presentó e inició la distribución una Cartilla Moral que, en resumen, es la adaptación de un tratado escrito en 1944 por Alfonso Reyes.

Aunque pareciera que en esta “nueva” cartilla enmendaron (al integrar a Sor Juana Inés de la Cruz y a Leona Vicario) el “error” de excluir a las mujeres en el logotipo del nuevo gobierno de México; la verdad es que, en materia de comunicación e inclusión, todavía les falla “un buen”.

Lo que ahora llama la atención, es que ninguna de las personas involucradas en el proceso editorial de la mentada cartilla, se haya dado cuenta de que el término “hombre” aparece 48 veces, y “mujer” ninguna.

Es cierto que, en la época en la que Alfonso Reyes redactó el citado texto, la palabra “hombre” solía ser una locución genérica para referirse a los varones y a las mujeres; sin embargo, no se debe pasar por alto el hecho de que la cartilla adoptada por el presidente López, es una adaptación (así lo dice el propio documento). Por ese “pequeño” detalle, es que resulta increíble que a nadie se le haya ocurrido cambiar el término “hombre” por otro más adecuado al uso del lenguaje en el siglo XXI.

Que conste (y testigos hay muchos) que, como no me siento discriminada con el uso genérico del masculino, yo lo utilizo de forma habitual. No obstante, el punto central del tema en cuestión, es que presumen que la cartilla presentada por AMLO está adaptada al contexto actual, pero no es así.

Ni siquiera era necesario que escribieran “la mujer y el hombre”, “la mexicana y el mexicano” o “la ciudadana y el ciudadano” (que bien pudieron hacerlo). Muchos menos se trata de llegar al absurdo caso de usar el “@”, la “x” o la “e”, para reemplazar la “o” del masculino genérico. Con sustituir la expresión “el hombre”, por “la persona” o por “el ser humano” -por ejemplo- hubiera sido suficiente.

Por otra parte, pero en el mismo sentido, también hay que considerar que si en la cartilla se enfatiza la importancia del respeto a la sociedad particular en la que nos toca vivir, suponiendo -entre otras cosas- la cortesía entre sus integrantes, lo menos que podían hacer, era predicar con el ejemplo; o sea, tener la cortesía de usar algún término masculino genérico que fuera menos literal o menos sexista.

Finalizo en esta ocasión, citando lo dicho alguna vez por filósofo y prosista alemán, Arthur Schopenhauer: “Predicar moral es cosa fácil; mucho más fácil que ajustar la vida a la moral que se predica”.

Aída María Holguín Baeza

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